Ya es un hecho irrefutable. Los científicos coinciden en observar que el clima ha cambiado en todos los rincones del planeta a una escala sin precedentes. Algunos de estos cambios serán irreversibles durante miles de años y sólo una acción enérgica y duradera en la reducción de gases de efecto invernadero puede limitar su alcance.
Los océanos cubren las tres cuartas partes de la superficie de la Tierra, contienen el 97 por ciento del agua del planeta y representan el 99 por ciento de la superficie habitable del planeta en volumen. Más de 3.000 millones de personas dependen de la biodiversidad marina y costera para su sustento, el valor de mercado de los recursos marinos, costeros y su industria se estima en 3 billones de dólares por año, cerca del 5% del PIB mundial.
La inacción política ante el cambio climático es un gran impedimento si se quiere frenar el calentamiento global. Los gobiernos no están haciendo los deberes descritos en el Acuerdo de París ni con las emisiones de CO2 ni con la justicia energética. Así lo pone de relieve el informe anual de la Agencia Internacional de la Energía (World Energy Outlook, WEO) que recoge ‘Energías Renovables’. Ante la pasividad o la lentitud de las decisiones gubernamentales, la organización mundial marca una hoja de ruta para que la humanidad cumpla con los compromisos climáticos que ya ha adquirido de aquí a 2040.
Esta misma semana, París acogía una gran cita contra el cambio climático con medio centenar de jefes de Estado, representantes del mundo financiero y organizaciones no gubernamentales. Después de dos años de la firma del Acuerdo de París, la capital gala volvía a albergar un gran foro para evaluar acciones acometidas y las asignaturas pendientes. Con Estados Unidos fuera del escenario por decisión de su presidente, Donald Trump, el mandatario francés, Emmanuel Macron, se ha erigido como nuevo líder mundial para afrontar las medidas que se implementarán en el mundo a corto y medio plazo si se quiere contrarrestar los efectos ya tangibles del cambio climático. El tiempo juega en contra, y la alarma es cada vez más creciente con una temperatura que aumenta cada año +1ºC en el planeta y que ya ha provocado deshielos intensos, subidas de nivel del mar o fenómenos climáticos extremos. Para contrarrestar estas consecuencias, hace faltan compromisos reales y globales que no caigan en papel mojado.
Esta misma semana una imagen de un oso polar desnutrido y moribundo daba la vuelta al mundo. Los periodistas Paul Nicklen y Cristina Mittermeier mostraban en la cuenta de National Geographic de Instagram la agonía del animal. El vídeo grabado en la Isla de Baffin es un espejo de las consecuencias tangibles del calentamiento global. Para los incrédulos y los que cuestionan aún el cambio climático, algunos datos son irrefutables: la Tierra ha vivido desde 1981 los 20 años más calurosos de su historia. Las temperaturas no han dejado de crecer desde 1880 y de una forma más rápida desde 1970, recoge el diario ‘La Vanguardia’.
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