Los países menos desarrollados y los países con menos posibilidades económicas son también los países con menos oportunidades de ofrecer a sus ciudadanos las garantías suficientes de bienestar y de vida sana. Terminar con las desigualdades y conseguir estabilidad en los países con menos recursos es esencial para disminuir grandes problemas como la mortalidad infantil, la mortalidad materna o enfermedades mundiales que han ocasionado un daño demoledor en otra época y que aún se cobran muchas vidas como el sida. Sólo en 2017, casi un millón de personas murió a causa de enfermedades relacionadas con el sida, en total, 35,4 millones de personas han muerto desde el inicio de la epidemia a pesar de que para el pensamiento colectivo ha pasado a un segundo plano.

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